Camino de la cama

23 /Julio /2008

Cuando a las cinco de la tarde entre por la puerta de mi casa (cuyas persianas he dejado antes de salir esta mañana convenientemente bajadas para que no se me caliente) me voy a tirar en la cama. Y pienso dormirme y no despertar hasta que mi cuerpo quiera levantarse. Igual es esta tarde, esta noche, esta madrugada o, como casi espero, mañana durante la mañana.

El pasado fin de semana me di una paliza con los proyectos de andamio en la que dormí apenas nada y tecleé por todo el año. La noche del lunes en la que esperaba dormir me desveló una compañera del curro con un problema en casa. Anoche, de perdidos al río, la previsible gran final de OT. Y esta mañana me dormía, de pie, en el tren. Pero quedan horas para que me vengue en forma de supersiesta-inicio del puente de Santiago y cierra España.

Mañana 24 no curro, por si quedaban dudas. El convenio, ese gran invento. Y el viernes tampoco, que este año es fiesta en Madrid. Así que hasta el lunes nanai. Y qué bien, la verdad. Tengo que hacer cosas, claro; tengo que recoger los proyectos presentados, bajar a Toledo, arreglar cosas en el banco, hacer la compra, planchar, limpiar y preparar mi casa para que mis amigas celebren en ella su cumpleaños (como si fuera el castillo de Viñuelas), pero también tengo entradas para la zarzuela, el mencionado cumple, posiblemente una visita a la piscina (la descubierta) y quién sabe qué mas. Pero todo eso a partir de mañana. Hoy me espera la cama. La oigo llamarme. No me puedo resistir…


Foto

21 /Julio /2008

La Torre de Madrid desde el viaducto


Donde todo comenzó

19 /Julio /2008

Llevaba folios, un par de bolis, un lápiz, el iPod, una botella de agua y una carpeta con los planos para rellenar un poco la bolsa. Cogí el alfita y me subí a la Escuela. Aunque estuve en san Cemento, hacía tiempo que no entraba dentro del edificio, unos cuatro años, desde que fui a recoger el Título y no pasé de secretaría, del vestíbulo de la entrada, vamos.  Hoy tenía que cruzarlo, enfilar el pasillo de la derecha hasta el fondo, luego el de la izquierda, bajar dos plantas y llegaría a la biblioteca. Ahí es nada la ruta.

Entré. Había gente haciendo cola en la puerta de secretaría. Ahora sobre la puerta hay una pantalla para saber cómo van de llenos los grupos en la matrícula (como cuando vas al cine y en la pantalla de la taquilla te pone cuántas entradas sin vender quedan). Está bien pero es un poco agonía ir viéndolo llenarse y ver que no entras… prefería la sorpresa. Yo enfilé hacia el pasillo. No puedo evitar tener la sensación de sentir que todo el mundo me mira al entrar y me sigue con la mirada, no puedo. Seguramente nadie se dignó a mirarme, pero cada uno tenemos nuestras cosillas

Bajé al submundo que es la biblioteca que, cosas del desnivel, está al nivel de la calle aunque sea el sótano menos dos. Ni Perry. Bueno sí, el bibliotecario de turno. Le digo que “vengo a consultar una Norma” y me señala el ordenador. Le aclaro que “la buscaba en papel” para hacerle fotos con el móvil copiármela a mano (porque no se pueden sacar de allí) y me dice que si tengo un pendrive me la descarga en un plisplas. Se me para el corazón un segundo porque creo que no lo tengo. Rebusco en el bolsillo del vaquero. Llaves de casa. Llaves del coche. Aquí está. No, mierda, es el mechero. Monedas. Gota de sudor cayéndome por la frente y por fin toco… el pendrive. Ya me veía como había imaginado en casa: copiándo como un hijoputa la norma a mano, echándole fotos con el móvil a los dibujos y todo a toda velocidad antes de que cerraran con la simple compañía del iPod y la botella de agua… Pero no, ahí está mi pendrive para salvarme la tarde. Y aún así me aclara el bibliotecario que de todas formas también dejan escanear la copia en papel. No sé que pensarán de esto los de Aenor…

A la vuelta, porque la excursión a la Escuela estaba terminando y no llevaba allí ni diez minutos, me pasé por el pasillo donde todo comenzó, donde estaba nuestra clase y donde se desarrolló el episodio de la Pipa.

Y ahora paseo por aquí como profesional liberal… me da la risa floja.


¿Verano?

18 /Julio /2008

El año pasado llegamos a currar el lunes 2 de julio y nos llevamos una gran sorpresa: sopresa!, nos vamos a las 3! Sabíamos que había un mes, el de agosto, de intensiva pero, de regalo y en el último momento, nos dieron julio también. Claro, lo disfruté a tope. Y por disfrutar me refiero a echarme la siesta casi a diario, comer en mi patio a la sombrita, ver tele sin más y salir, poco, a tomarme una cañita a última hora.

Este año esperaba la jornada como agua de mayo, después de una primavera rara rara rara. Y llegó. Pero, al contar con ella con antelación ya había adjudicado menesteres a esas horas extra de más. Cuando no me ha tocado quedarme a currar, claro. El año pasado sólo era asalariado. Se me caía el lapiz en la Copisa a las 3 y hasta la mañana siguiente no lo levantaba; pero este año además soy profesional liberal y eso, unido a que este mes ha surgido mucho curro, me convierte en un esclavo del tiempo que va siempre con la lengua fuera. Y estoy cansado. Muy cansado, físicamente sobre todo. Y algo más gordo, porque me paso casi todo el día sentado, no nado, no consigo encontrar regularidad para salir a correr aunque sea un ratín y llevo todas las cosas, todas, arrastras. Mal fatal.

Por contra parece que el verano va a prolongarse un poco más. Yo soy de los que el 15 de agosto ya está pensando en el año nuevo y en empezar con las rutinas de nuevo, pero este año voy a tener que retrasar esos pensamientos algo más allá de septiembre porque el sacrificio de este mes de julio entre estructuras metálicas, salas VIP, andamios tubulares y andamios motorizados, puede que me deje un par de meses para disfrutar de verano, vacaciones y una serie de citas y compromisos sociales y familiares que me apetecen mucho.  A ver si realmente a partir del miércoles que viene empiezo a tener conciencia de que estamos en verano.

Que alguien salga y se lo pase bien, porque a mí me toca clausura con la norma UNE EN 1495:1998.


Cosas que hacer el día de la Virgen del Carmen

16 /Julio /2008

[Siguiendo con la serie "Cosas que hacer el día de"]

- acostarme a las dos de la mañana dejando la plancha sin acabar después del maratón de anuncios interrumpido por canciones que es Operación Triunfo.

- levantarme cuatro horas después.

- oir tronar mientras me afeito la cabeza.

- desayunar viendo relámpagos.

- zamparme cuarenta minutos en las líneas C5 y C7 de cercanías y cinco en la 8 de metro.

- quedarme dormido en todos los transportes públicos.

- organizar una red Pert en el project para que luego no me la salve.

- repetirla.

- comprarme un sandwich mixto y una cocacola para comer.

- comerme el sandwich para comer sin cocacola porque alguien se la ha bebido (momento Ross Geller y el humidificador del bocadillo de pavo).

- salir a las 3. Viva la jornada intensiva!

- zamparme cinco minutos de línea 8 de metro y 25 de la C2 de cercanías.

- volver a sobarme.

- ver un andamio para una piscina cubierta rarísima.

- zamparme otra vez los 25 minutos de la C2 mientras hablaba con el destornilleitor y los cinco de la 8.

- volver a la Copisa. Viva la jornada intesiva. Viva!

- terminar los anejos de los cojones de la presentación de mañana.

- salir del curro más tarde que cuando no hay jornada intensiva.

- zamparme cinco minutos de linea 8 de metro, 35 de la 10 y diez de la 12.

- sobarme en la 10, guanmortaim.

- llamar a telepizza ipso facto nada más llegar.

- sentarme a hacer un diagrama rarísimo (que no hace falta, pero bueno) para la mierda de obra de la sala VIP de los cojones del aeropuerto.

- postear después de diez días.

Son las 11 y cuarto. Qué hago:

a) me voy a sobar (sí, sí, esa esa!)

b) termino la plancha (buhh noooo fuera!)

c) me hago el plano de los andamios (diablillo sobre el hombro izquierdo: “pasa de todo, vete a ver la tele…”; angelito sobre el derecho: “piensa en la pasta si te quieres ir unos días de vacaciones…”)