FlashForward
En uno de los viajes que he realizado a Sevilla en las últimas semanas salí de Atocha a las 7 de la mañana. Eso me hizo levantarme muy pronto en casa para estar a tiempo en la estación, con lo que el sueño que viaja en los bolsillos es considerable. Al poco de arrancar el tren, por Entrevías o así, caí roque contra la ventanilla y estuve durmiendo durante casi dos horas, hasta Córdoba. En Córdoba desperté al parar el tren y ya no volví a dormirme. Aproveché entonces para contemplar el paisaje durante la media hora que quedaba de recorrido.
A medio camino, todavía medio dormido, divisé al fondo sobre el horizonte una luz muy potente y bastante lejana, que me recordó instantáneamente a FlashForward, la serie, y al aparato que generó el desvanecimiento. También pensé en ovnis aterrizando en plena mañana en Córdoba, pero me gustó más la primera idea. En sucesivos viajes he buscado esa luz, que aparece por la ventanilla de la izquierda.
Hoy Pepa ha contado en el Telediario que lo ha inaugurado el Rey. Es una planta solar, al más puro estilo Sim City. A 30 kilómetros de la vía del AVE y en servicio desde mayo. Al verlo, la idea del desvanecimiento mundial se ha ido al garete, hoy que tan bien me hubiera venido el desvanecimiento y la visión del futuro.

El final del verano
Mañana viernes por la mañana, antes del mediodía, se acaba el verano.
Cuando llegue la hora del Ángelus ya estaremos en otoño, la última estación meteorológica que nos queda por vivir completa en este año 2011, en el que las estaciones, esos antiguos períodos de tres meses, siguen durando 3 meses, pero cuya sensación de duración real es de años completos. Este verano ha sido muy largo; larguísimo. No por tener que trabajar, que es algo que en general se agradece, sino por haber tenido que hacerlo a diario hasta las siete de la tarde, de lunes a viernes, sin excepciones, sin jornadas intensivas, incluso en muchos días sin absolutamente nada que tener que hacer en horas, pero teniendo que estar físicamente allí, en el trabajo. Se genera así una sensación de cansancio y de escasez de tiempo libre que me ha traído hasta aquí, sintiendo que las últimas navidades fueron hace 30 meses o más…
La llegada de la nueva estación me pillará, además, fuera de mi ciudad, concretamente en Sevilla, donde últimamente he tenido que viajar bastante para terminar una obra. Cuando esté volviendo en el AVE en algún lugar entre el paralelo 57º Norte y el Sur está previsto que se estrelle un satélite, del tamaño de un autobús, que la NASA sabe que cae mañana, pero no dónde, ni exactamente cuándo. A mi todo esto me crea incertidumbre; desde cuándo la NASA no sabe dónde ni a qué hora aproximada va a caer el bicho? Desde cuando la NASA da esos intervalos tan abiertos? Porque el 57º Norte está al norte de Canadá y el 57º Sur al sur de Chile y Argentina. Eso en mi pueblo es no tener ni idea de nada. Y el bicho es suyo, lo lanzaron ellos hace años y ahora nos puede caer a cualquiera encima, por mucho que se vaya a desintegrar en 26 fragmentos y por mucho que la probabilidad de que caiga sobre alguien sea de 1 entre 3200.
Personalmente yo ya tengo una lista de lugares y personas sobre las que podían caer algunos de esos 26 fragmentos, pero por lo pronto me conformaré con que no caigan encima de mí o del tren que me traerá de vuelta a Madrid.
Give up
Mañana a estas horas estará terminando una sesión de hipnosis a la que me apunté a primeros de agosto, al volver de las vacaciones y, tras la cual, espero (y deseo) se cumpla el propósito de los organizadores tanto como el mío propio. Y es que, tras salir de esa sesión de hipnosis se supone (ocurrirá) que ya no fumaré más; así, casi por arte de magia, se esfumará el mono y la dependencia que durante 20 años me ha tenido agarrado al tabaco. Así sin más. Sin dormirte ni perder la conciencia, colectivamente; se supone que mañana a estas horas no sólo ya no fumaré sino que posiblemente me convierta en un talibán en la cruzada anti-tabaco.
Cómo se hace? Cómo es posible que yo deje de fumar y nada cambie? Esas mismas preguntas aparecían en mi cabeza los días siguientes a la inscripción. Cómo es posible que el viernes, al día siguiente, me levante y no tenga ganas de fumar? Qué haré después de comer, de desayunar, de cenar, de tomarme el café, cuando esté de copas, en un atasco, a la salida del cine o en cualquiera de esas situaciones en las que se fuma, más por inercia que por necesidad? Qué haré cuando, después de escribir la entrada siguiente a ésta (que ya escribiré como ex-fumador), la relea sin fumar (no como ahora) antes de darle al botón publicar? Me agobiaban tanto esas preguntas que preferí obviarlas, incluso la fecha misma de la cita; no intentar adelantarme a lo que vaya a pasar.
En su lugar empecé a pensar en todo el tiempo que ahora gasto en fumar, y en el dinero que eso supone, y que cambiarán mi tiempo y mi economía. Y me gustó; me gustó pensar que en unas semanas o unos meses mi catarro y mi moqueo crónico desaparecerán, volveré a recuperar el olfato con más intensidad, el gusto y, por qué no, la teoría de que dejando de fumar se engorda. Por no hablar de los cerca de 1400 euros que ahorraré durante el primer año… He gastado el último mes en suponerme en un escenario mucho más favorable que el actual. No pienso en el fracaso, si ocurre. Sólo pienso en el éxito, que ocurrirá, y en cómo esto puede cambiarme la forma de ser. En fin, que esta es mi última entrada como fumador. Wish me luck!




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