Tsunami
Salgo cinco minutos antes de currar porque hoy hay que pagar la piscina. Llego y me dice la cajera que la banda magnética hoy sí lee, así que pago, me cambio y al agua patos.
400 a braza y 400 a espalda; no me da tiempo a más. Hago mi braza, mientras cotilleo quien está en las calles contiguas y a todo aquel que entra y sale. Hago mis respiraciones y me lanzo de espaldas que es más aburrido porque solo veo placas de falso techo y las salidas de la climatización. Cuando me quedaban apenas 75 metros para terminar, estirar e irme ocurre el tsunami.
El tsunami consiste en que alguien de la calle contigua no sabe nadar sin dar patadas sobre la superficie del agua y al darla desplaza una cantidad considerable en la calle de al lado (la mía). El principio de Arquímedes en estado puro. Si tú en ese momento no estás ahí o nadas a otro estilo no pasa nada; pero si nadas a espalda toda esa cantidad de agua clorada pasa, vía nasal, a tu tráquea, propiciando la típica sensación de “se me van a salir los ojos de las cuencas”, junto con las ya conocidas “toser tumbado no es posible” y “me voy a cagar en tu puta madre”.
Se llega como buenamente se puede al final de la calle, se respira, se acaba y se estira. Personalmente prefiero no mirar quién fue. Soy un poco rencoroso.






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