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Antojo

22 /Octubre /2009 RMN 11 comentarios

Antojo de helado a las once y media de la noche y nada en el congelador. La solución de este problema pasa por una gasolinera, un Opencor o un chino de barrio. La opción a priori más barata y más rápida es esta última. Dando la vuelta a la manzana se podían encontrar hasta tres, uno en cada lateral de la misma. El primero cerrado, el segundo abierto.

En la puerta de la calle cuelga un cartel de Nestlé con sus helados de palo y sus precios. Yo busco tarrinas. En el segundo arcón encuentro lo que busco. Y más. Junto a los helados de Nestlé se amontonan barras de helado al corte y tarrinas de litro, ambas de la marca Hacendado. Tomo sorprendido una tarrina de leche merengada. Debajo hay magnums. Cojo una caja de 6 minis. Y pago en el mostrador: 9,50. En la página de Mercadona la tarrina de helado cuesta 1,60; en la de El Corte Inglés los magnums valen 3,39. El antojo ha salido cuatro euros y medio más caro que si hubiera estado previsto. Pero me da un poco igual.

Lo que no me deja vivir ahora es si un chino puede vender productos del Mercadona, así de alegremente, un 50% más caros…

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Lisboas

07 /Octubre /2009 RMN 12 comentarios

La semana pasada cascaron las dos máquinas de afeitar que uso. La que me trajeron los Reyes se quedó con el interruptor hacia dentro, haciendo falso contacto, de forma que se encendía cuando le venía bien. La que me tuve que comprar en vacaciones (que también es fatalidad que te vayas de vacaciones y se te rompa la máquina… suerte que en Lisboa hay un corteinglés) funciona bien, pero una piececilla que lleva un muelle (se supone que oculto) ha perdido el muelle y ahora afeita como cualquiera, esto es, poniéndo el baño perdido lleno de pequeñísimos pelos, mientras que con la nueva y su sistema de aspiración quedaba todo en el cajetín (una cosa supermoderna y superútil).

En El Corte Inglés me han cambiado, así sin más preguntas, la de los Reyes por una nueva, entre risas de las dependientas que veían avanzar la máquina sola sobre el mostrador (para mi suerte, a la máquina le ha venido bien encenderse al presionar la chica el botón, pero ha decidido no apagarse). La metió en un cajón y me dió una nueva. Pero para la portuguesa me ha dado un número de teléfono del servicio post-venta de Philips porque este modelo “en este centro no lo tenemos”.

Llamo al número gratuito y un chaval algo empanado me empieza a hacer preguntas. Después de darle el número de centro, de operación, mi DNI, mi código postal, mi dirección, mi móvil, la fecha de compra, mi nombre y apellidos, el modelo del barbero, el número de serie (oculto debajo del cabezal) y casi hasta mi talla de calzoncillos, me pregunta:

— En qué centro de El Corte Inglés lo compró?
— En Lisboa —le digo, algo temeroso de encontrarme problemas a nivel internacional.
— Espere un momento —me dice; y tras unos diez segundos de silencio, me pregunta:
— ¿Lo compró usted en Portugal?

He respirado, he sonreido y he acertado a decirle “claro, claro, en Portugal…”. Cuántas Lisboas más hay en el mundo??

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Alcorcón

30 /Septiembre /2009 RMN 16 comentarios

Siempre había pensado que Alcorcón estaba ahí detrás. De hecho, juraría que el viernes, cuando monté en el metro, ví ese nombre en la lista de estaciones que suceden a la mía, en la misma línea en la que yo viajaba. No recuerdo exactamente cuándo fue la última vez que estuve allí, pero sí recuerdo que no hacía falta pasaporte, ni salir del país.

Todo eso cambió anoche cuando recibí un mail del Portal de Empleo de la Comunidad de Madrid con una oferta de trabajo. Soy escéptico ante estos, pocos, correos que he recibido de este destinatario en los meses que llevo desempleado, pero aún así, lo abrí para comprobar qué se me ofrecía. Me equivocaba porque, a priori, con la información básica que ofrecía el mail, tenía buena pinta; la oferta era ahí detrás, en Alcorcón.

Cuando abrí la ficha mi concepto de la geografía local cambió y decidí que Alcorcón se me hace muy lejano para ir todos los días a trabajar. (Los subrayados en rojo son míos).

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Uprising

29 /Septiembre /2009 RMN 13 comentarios

A veces desaparezco. Me pasa con cierta asiduidad; de repente un día no estoy, ni al siguiente, ni al otro. Y pasada una semana o dos, me doy cuenta, asombrado, de que he desaparecido de algún sitio, en algún entorno, en algún círculo. Sólo que ya no son dos semanas. Ya es medio mes, o el mes completo. O dos meses, incluso más. Pocas veces me secuestran ideas o personas; una o dos veces soy capaz de recordar. La mayoría de las veces soy yo el que se aisla, dejando de lado otras cosas, algunas veces pocas, otras veces muchas, demasiadas quizás. Ahora soy capaz de reconocer estados de éxito o fracaso, relativos siempre, en la mayoría de esas ausencias. Estados de euforia o de depresión que me conducen irremediablemente a la desaparición.

Cuando por fin alcanzo mi objetivo, la situación tampoco me satisface porque descubro que no estoy solo. En ese momento empiezan a aparecer por todos los lados miles de ideas: en los cajones, bajo la cama, en la nevera, encima de la mesa, en el buzón… y, sobre todo, en mi cabeza. Algunas son muy ruidosas, pocas aparecen y se van, la mayoría se quedan y convierten la vida en algo muy doloroso, además de hacerme sentir inseguro, desconfiado, inferior y desgraciado. Ideas, absurdas la mayoría, que emborronan mi mirada, mi camino y mi existencia y que me impiden moverme y tomar decisiones, haciendo que no tenga casi capacidad de reacción a nada.

Las he dejado estar, seguramente en algún caso erróneamente, para poder escucharlas a todas, de forma casi individual, y poder así analizarlas y descartarlas o aceptarlas. Así han desaparecido la mayoría, por descarte, y así se han integrado otras muchas nuevas, por aceptación, quizás el paso final de este largo proceso. Aceptación de conceptos que eran ajenos a mi vida, pero que, lo quiera o no, están ahí. Porque solo así puedo ahora, al final, reivindicarme como nunca debí dejar de hacerlo.

Muchísimas gracias a todos por la espera.
Nos espera un curso de lo más interesante…

Aprovecho la ocasión para felicitar a los Gabrieles, los Rafaeles y los Migueles.
Y en general a todos aquellos que se sean (o se crean) ángeles (o arcángeles).
Felicidades a todos!

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Pinocho

30 /Julio /2009 RMN 19 comentarios

Las termitas son unos insectos sociales que atacan la madera y que, al contrario que el resto de los insectos xilófagos, no abandonan el interior de la madera al convertirse en adultos, lo que hace difícil su detección hasta que el daño es profundo. En primavera, una pareja sexuada abandona el termitero original para crear una nueva colonia. Para ello atraviesan en su camino materiales de gran resistencia como la cerámica y el hormigón. Una vez dentro de la madera la reina deposita un gran número de huevos, superior a 1000 diarios, dando origen a un enorme número de individuos, llamados obreros o soldados, ciegos y con fuertes mandíbulas. Los soldados perforan galerías paralelas de sección constante, dejando finas láminas de madera entre ellas, pero manteniendo intacta la cara exterior del elemento de madera, para aislarse de la luz. La apariencia final del elemento atacado se conoce como “hojas de libro” por su similitud con un libro entreabierto.

Tengo que retroceder hasta 1979 para poder fijar un período de 200 días consecutivos sin hacer nada, sin tener nada que hacer, sean estudios o trabajo. Nunca antes en mi vida había pasado tanto tiempo en barbecho. Y  me veo como un Pinocho de casi dos metros dentro de la ballena de la crisis, acostumbrado a vivir aquí, y descubriendo que, al ser de madera, me han atacado las termitas de la incertidumbre, del no saber qué pasará mañana. Necesito encontrar una solución a la sangría de días que sufro; necesito parar la hemorragia y recuperar objetivos. Dejar de dar vueltas en la glorieta en la que me encuentro, a la que llegué cuando me obligaron a dejar la autopista, y en la que tengo que decidir por donde sigo.

Nos veremos en septiembre.
Feliz verano!

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